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A LUENGA ARAGONESA

A LUENGA ARAGONESA

Qué lengua aragonesa: la de todos

Por Manuel Castán Espot
 (
Artículo publicado en Heraldo de Aragón el día 5 de Abril de 2005)

El pasado día 18 de marzo se publicaba en este periódico el artículo titulado ¿Qué lengua aragonesa?, que firmaban Ánchel Conte y otros representantes de la Sociedad de Lingüística Aragonesa, fundada hace un año. En él, se exponía una visión muy negativa del aragonés estándar, que, en efecto, se ha desarrollado des de la iniciativa de instituciones como el Consello d’a Fabla Aragonesa y otros colectivos en las tres últimas décadas. No entraremos a discutir los argumentos y ejemplos que se aportaban: no es mi intención convertir los medios de comunicación en foros para la controversia. Pero sí me parece necesario responder a su artículo desde mi condición de hablante de benasqués (mi primera lengua) y de presidente de la recién creada Comisión organizadora del Segundo de la Lengua Aragonesa.



Es evidente que las fragmentadas hablas aragonesas (cheso, chistabín, benasqués...) se encuentran hoy en situación límite. Ha sido milagroso que se hayan conservado algunas y sean todavía el habla común de pequeños pueblos del Pirineo. Pero ese milagro se debe a su aislamiento, no lo olvidemos. Y hoy ese aislamiento toca a su fin. La llegada del turismo a esas pequeñas poblaciones obliga a sus habitantes a usar el castellano cada vez más, y el aragonés va perdiendo la calle (o la ha perdido) y se tiene que refugiar en las casas, donde quedará también arrinconado en cuanto se incorpore definitivamente a ellas algún miembro de habla castellana.



Es cierto, por otra parte, que ese aragonés estándar que oímos hace años (conocido popularmente como fabla) nos ha resultado extraño a los hablantes “nativos” y que lo hemos mirado “por encima del hombro”. Y es posible, además, que esté repleto de errores y de usos extravagantes. Pero es también cierto que hoy lo usa un número importante de hablantes (ojalá tuvieran ese número algunas de las variantes del aragonés). Como también es cierto que su uso lo ha hecho cada vez más aceptable e, incluso, asimilable a las variantes del aragonés central. Y es cierto, por último, que sin el empeño de estas personas y asociaciones no habría en la sociedad aragonesa conciencia de que existe el aragonés, ni siquiera alguna de sus variantes.



Quienes auspiciamos el Segundo Congreso del aragonés queremos dirigirnos a la sociedad aragonesa para buscar su apoyo. Creemos que se debe hacer un esfuerzo generoso por preservar el aragonés de su desaparición. Y pedimos ese esfuerzo a todos: particulares, instituciones privadas y públicas, ayuntamientos, partidos, cuyo apoyo es esencial, y, cómo no, a la Universidad de Zaragoza y al Gobierno de Aragón, a quienes apoyaremos si deciden liderar esta iniciativa. Pero en ese todos están también, y muy especialmente, quienes hablan ese aragonés común o estándar tan denostado en ese artículo, pues sin su empuje no habría ni debate ni propuesta. 


Pero no pretendemos imponer nada. Sólo hacemos una propuesta para que nos reunamos en ese esfuerzo común que hemos llamado Segundo Congreso de l'aragonés. De él deberá surgir, en nuestra opinión, una autoridad lingüística, una Academia, que integren los mejores especialistas en el aragonés. En ella se debatirá sobre las modalidades territoriales (nadie duda, por ejemplo, de la necesidad de un tratamiento especial para el benasqués dentro del aragonés). En ella se revisará la ortografía y se cambiará si parece necesario. Se discutirá sobre ese “desastroso” estándar y sobre si debe asimilarse cada vez más al cheso, o no. 


Pero en estos pasos iniciales y en los siguientes, debemos ir juntos: sólo la generosa unidad de todos podrá tal vez impedir la muerte cercana del aragonés. Nosotros también deseamos “una razonable política de planificación lingüística”, pero no "esperaremos sentados" a que alguien bondadoso y sapientísimo nos la dé hecha, porque esa espera será en vano. En esa convicción, convocamos a todos, con humildad y porque alguien tiene que hacerlo, y sobre todo quienes han demostrado de sobra sus conocimientos lingüísticos, como J. A. Saura, presidente de la Sociedad de Lingüística Aragonesa, porque ellos pueden y deben aportar luz a la difícil situación del aragonés.


Que se hayan cometido errores no es suficiente razón para dejar el aragonés a su suerte. 


Manuel Castán, filólogo, es presidente del comité organizador del II Congreso de la Lengua Aragonesa.

Fuente:

www.laragones.com

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